Watchman Nee Libro Book cap.15 Libro de lecciones nivel 4: La vida

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QUEBRANTAR LA CARNE Y EL YO

Lección quince

QUEBRANTAR LA CARNE Y EL YO

Lectura bíblica

Ro. 7:23 Gá. 5:19-21; Fil. 3:3-6; Ex. 30:31-32; Ro. 8:8; Gá. 2:20; Ro. 6:6; Gá. 5:24; Ro. 8:13; Mt. 16:21-25

Bosquejo

  1. La definición de la carne
    1. El cuerpo corrupto
    2. La totalidad del hombre caído
    3. El aspecto bondadoso del hombre
  2. La posición que tiene la carne ante Dios
    1. Dios no puede mezclarse con la carne
    2. Dios y la carne no pueden existir juntos
    3. Dios ha determinado erradicar la carne
    4. La conclusión de la Biblia acerca de la carne
  3. El quebrantamiento de la carne
    1. El hecho objetivo
    2. La experiencia subjetiva: por el Espíritu
  4. La definición del yo
    1. El yo es la vida del alma
    2. El daño causado por el yo
  5. La negación del yo
    1. El hecho objetivo
    2. La experiencia subjetiva
    3. Tomar la cruz
  6. La aplicación práctica de negarnos al yo
    1. En la comunión del Espíritu Santo
    2. Permitir que el Espíritu Santo nos aplique la crucifixión de Cristo

Texto

El pecado es terrible y el mundo es avasallador, pero los dos son elementos externos. Necesitamos profundizar más para ver cómo podemos experimentar la vida de una manera profunda, y así solucionar el problema de la carne y el yo. La mayoría de los habitantes de este mundo no son cristianos. Se dice que Estados Unidos es una nación cristiana, ya que casi la mitad de su población profesa ser cristiana. No obstante, la gran mayoría de ellos ni siquiera ha sido regenerada, es decir, ellos no han recibido la vida de Dios. De aquellos que sí han sido regenerados, muchos viven aún en el pecado. Los creyentes más maduros se apartan del pecado, pero son muy pocos los que no están poseídos por el mundo. En el recobro del Señor los creyentes hablan de la necesidad de resolver el problema de nuestro yo y de nuestra carne, el cual es un aspecto más profundo de la experiencia de la vida divina. En esta lección tan breve no podemos desarrollar adecuadamente ambos temas. Así que, sólo obtendremos un entendimiento básico. Uno debe leer el libro La experiencia de vida para obtener más detalles al respecto.

I. LA DEFINICIÓN DE LA CARNE

[En la Biblia podemos encontrar por lo menos tres definiciones acerca de la carne:]

A. El cuerpo corrupto

[En la Biblia, la carne se define primero como el cuerpo corrupto. Nuestro cuerpo fue creado por Dios, pero la carne es algo corrupto. Dios no creó la carne; únicamente creó el cuerpo. Sin embargo, Satanás se infiltró en los miembros de este cuerpo. Romanos 7:23 dice claramente que la ley del pecado está en los miembros de nuestro cuerpo. Cuando Adán comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, ese fruto entró en los miembros de su cuerpo. Así que, aunque ciertamente el cuerpo fue creado por Dios, el pecado, que es la personificación de Satanás mismo, entró en el hombre, inyectándose en su cuerpo. Desde entonces el cuerpo del hombre creado por Dios se corrompió y se arruinó. Así, el cuerpo corrupto y arruinado se convirtió en la carne.]

B. La totalidad del hombre caído

[La carne no alude al cuerpo caído y corrupto del hombre; más bien, se refiere a la totalidad del hombre caído. Por consiguiente, la carne es la máxima expresión del hombre tripartito caído. Por lo tanto, en este sentido la carne incluye el cuerpo, el alma y el espíritu del hombre. Si examinamos las obras de la carne enumeradas en Gálatas 5:19-21, descubriremos que algunas de éstas, como fornicación, inmundicia, lascivia y borracheras, tienen que ver con la concupiscencia del cuerpo corrupto; y otras, como las enemistades, contiendas, iras y las divisiones, se relacionan con el alma caída; y aún otras, tales como la idolatría y las hechicerías, están relacionadas con el espíritu que ha caído en una condición de muerte. Esto muestra que las tres partes de nuestro ser caído están involucradas con la carne maligna. Así que, en el libro de Gálatas, la carne denota el ser caído del hombre en su totalidad. En este sentido, la carne no es solamente una parte del hombre caído, sino que incluye la totalidad del hombre tripartito caído.]

C. El aspecto bondadoso del hombre

[Cuando mencionamos la carne, solemos pensar que la carne es corrupta y maligna, tal como se menciona en Gálatas 5:19-21. Pero la Biblia nos muestra que la carne también tiene un aspecto bondadoso. La carne bondadosa desea hacer el bien, adorar y servir a Dios. En Filipenses 3:3-6 Pablo indica que había algunos que adoraban a Dios en la carne, y se jactaban en la carne. La carne mencionada en estos versículos, indudablemente se refiere a la carne en su aspecto bondadoso, porque por ella el hombre adora a Dios y a través de ella se jacta.

¿Por qué decimos que existe un lado bueno del hombre, o sea, de la carne? Porque a pesar de que el hombre cayó tan bajo, todavía tiene un elemento bueno que fue originalmente creado por Dios. Por lo tanto, a menudo deseamos hacer el bien y servir a Dios. Pero, a pesar de esto, el hombre o la carne en su aspecto bondadoso, es débil y no tiene poder; así que no es capaz de hacer ni lo uno ni lo otro. Ante los ojos de Dios, el hombre caído está controlado por la carne, y ha venido a ser completamente carne. Así, todo lo que se origina en nosotros, sea bueno o malo, proviene de la carne y no puede agradar a Dios. Por eso, no sólo son carnales nuestro mal carácter, nuestro rencor o cualquier otra actitud nuestra que va en contra de Dios, sino que también nuestra gentileza, nuestro amor y aun el servicio que surge de nosotros y se rinde a Dios. Todo lo que se origina en nosotros, sea bueno o malo, es de la carne. Tenemos que conocer lo que es la carne hasta tal grado; entonces conoceremos verdaderamente su significado.]

II. LA POSICIÓN QUE TIENE LA CARNE ANTE DIOS

[¿Cuál es la posición que tiene la carne ante Dios? ¿Qué actitud guarda Dios hacia la carne? Este asunto está claramente definido en muchos pasajes de la Biblia; sin embargo, aquí sólo nos queda lugar para mencionar los pasajes más importantes.]

A. Dios no puede mezclarse con la carne

[En Exodo 30:32 dice: “Sobre carne de hombre no será derramado (el aceite de la santa unción)”. El aceite de la santa unción tipifica al Espíritu Santo, el cual es Dios mismo. En consecuencia, la declaración de que el aceite de la santa unción no sería derramado sobre la carne del hombre, muestra que Dios no puede mezclarse ni unirse con la carne.]

B. Dios y la carne no pueden existir juntos

[Exodo 17:14 y 16 declaran: “Y Jehová dijo a Moisés … raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo … Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación”.] [Los israelitas, como descendientes de Jacob, tipifican parte de nuestro ser interior que ha sido regenerada y escogida, la cual es el nuevo hombre en nuestro espíritu que pertenece a Cristo. Los amalecitas, como descendientes de Esaú, tipifican la parte de nuestro ser que es natural y caída, esto es, el viejo hombre en la carne, que pertenece a Adán. Esaú y Jacob eran gemelos, pero sus descendientes, los amalecitas y los israelitas, eran enemigos entre sí y no se toleraban el uno al otro. Del mismo modo, nuestro viejo hombre carnal está muy cercano a nuestro nuevo hombre espiritual; los dos son enemigos entre sí y no pueden ser uno. El hecho de que Dios tuviera guerra con Amalec, muestra cuánto aborrece Dios la carne, y cómo desea exterminarla. Si la carne no es exterminada y no le hacemos frente, nuestra vida espiritual no podrá crecer. Estos dos no pueden armonizar ni coexistir.]

C. Dios ha determinado erradicar la carne

[En el Antiguo Testamento, Dios realizó algo específico para expresar Su actitud hacia la carne: estableció la circuncisión. El primer hombre a quien Dios mandó circuncidarse fue Abraham (Gn. 17). Dios prometió a Abraham que sus descendientes serían como las estrellas de los cielos y como la arena del mar. Pero debido a que Dios se demoraba en cumplir Su promesa, Abraham tomó a Agar por esposa, y ésta dio a luz a Ismael. Así que, Abraham usó la fuerza de su carne para cumplir la promesa de Dios, lo cual no agradó y por trece años Dios se ocultó a los ojos de Abraham. Posteriormente, cuando Abraham tenía noventa y nueve años de edad, Dios se le apareció otra vez (Gn. 16:15; 17:l). En esa ocasión Dios le mandó que Abraham y todos los suyos fuesen circuncidados. Esto significa que Dios quería que la carne fuera erradicada, a fin de que en lo sucesivo, ellos no le sirvieran más en la carne.]

D. La conclusión de la Biblia acerca de la carne

[Romanos 8:8 dice: “Y los que están en la carne no pueden agradar a Dios”. La Biblia habla mucho acerca de la carne, y en este pasaje afirma que la carne no puede agradar a Dios. Si el hombre pertenece a la carne, se ocupa de la carne y vive por la carne, nada de lo que haga, sea bueno o malo, puede agradar a Dios.] ¿Y qué de usted? ¿Quiere agradar a Dios? Si es así, tiene que vivir en el espíritu y permitir que la carne sea quebrantada.

III. EL QUEBRANTAMIENTO DE LA CARNE

[Todo lo que pertenece a nuestro ser, debido a que es carne, tiene que llegar a su fin. Pero ¿cómo podemos poner fin a la carne? Discutiremos esto según dos aspectos: el hecho objetivo y la experiencia subjetiva.]

A. El hecho objetivo

[El hecho objetivo de hacer frente a la carne se relaciona completamente con Cristo. Gálatas 2:20 dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado”. Y por otra parte Romanos 6:6 afirma: “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El”. Estos dos pasajes muestran claramente que cuando Cristo fue clavado en la cruz, nosotros fuimos crucificados juntamente con El. Nuestro ser carnal ha sido anulado en la cruz de Cristo.] [El hecho de que fuimos crucificados con Cristo sirve como base para que la carne sea quebrantada. Si nunca hubiéramos sido crucificados con Cristo, no podríamos renunciar la carne. Así que, permitir que la carne sea quebrantada tiene como fin experimentar el hecho de que ya morimos con Cristo.]

B. La experiencia subjetiva: por el Espíritu

Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias”. Y Romanos 8:13 añade: “Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; mas si por el Espíritu hacéis morir los hábitos del cuerpo, viviréis”. Aunque en términos objetivos, ya fuimos crucificados, debemos experimentar la realidad de esto en nuestro espíritu, al igual que con todas las realidades espirituales. El Espíritu Santo es el Espíritu de realidad. Este Espíritu es capaz de hacer que todos los hechos objetivos que Cristo ha efectuado nos sean reales cada día. Si descubrimos que tenemos un apetito carnal por algo o alguien, inmediatamente necesitamos invocar al Señor y orar: “Señor perdóname. Eso provino de la concupiscencia de la carne, y por lo tanto, no te agrada. Tú quieres erradicar todo ello, y yo también lo quiero. Señor, me vuelvo a Ti ahora mismo. Líbrame de mi carne”. Si usted ora de esta manera, estará ejercitando su espíritu para crucificar la carne y hacerla morir. Esta práctica es algo muy simple pero eficaz. No debemos pensar: “Debo esperar hasta que crezca en vida, entonces automáticamente haré morir la carne por el Espíritu”. No. La manera de crecer en vida es ejercitar nuestro espíritu para hacer morir la carne.

IV. LA DEFINICIÓN DEL YO

Después de haber examinado el tema de cómo resolver el problema de la carne, debemos proseguir y ver que también necesitamos solucionar otro problema, nuestro yo. Solucionar este problema nos lleva a otro nivel más profundo y permite que la vida divina crezca más en nosotros. Debemos recordar que el crecimiento de la vida divina en nosotros implica que Dios crece en nosotros y que nosotros menguamos. Negar al yo significa que el yo mengua.

A. El yo es la vida del alma

¿Qué es el yo? [El yo es simplemente la vida del alma, la cual se manifiesta principalmente en los pensamientos y opiniones humanas. Podemos ver esto en la Biblia, donde el yo se menciona claramente.]

En Mateo 16:21-25 Jesús habló del hecho de que iba a la cruz a morir y que resucitaba en el tercer día. Tanto la crucifixión como la resurrección tenían como fin llevar a cabo la redención y edificar la iglesia conforme a la voluntad de Dios. Pero Pedro tenía una opinión diferente, y después de que lo expresó, el Señor lo reprendió y dijo: “¡Quítate de delante de Mí Satanás!”. Luego Jesús prosiguió y dijo: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame … el que la pierda [la vida de su alma] por causa de Mí, la hallará”. Para el Señor, el yo es simplemente la vida del alma, la expresión del yo es la opinión, la cual a su vez es una expresión de Satanás. Pedro estaba preocupado por la seguridad del Señor. Pero en su preocupación, no tomó en cuenta la voluntad de Dios; en cambio, permitió que Satanás se expresara a través de él. Por lo tanto, el Señor lo reprendió llamándole Satanás.

B. El daño causado por el yo

[Una persona que está centrada en el yo, siempre causa muchos problemas a la iglesia. Las numerosas divisiones que existen hoy en el cristianismo no sólo se deben a que el hombre es pecaminoso y mundano, sino, y principalmente, a su yo.] A través de la historia, lo que más ha dañado a la iglesia no ha sido la persecución u otras calamidades, sino el yo. Martín Lutero dijo una vez que aunque temía al papa, temía aún más al papa que tenía en su corazón, refiriéndose a su yo. Ninguna cosa daña ni perjudica más la edificación de la iglesia que el yo. El yo es la corporificación del alma, la cual se expresa a través de la mente. Por lo tanto, el yo, el alma y la mente son tres en uno. Detrás de estos tres se halla Satanás, quien manipula al yo con la finalidad de perjudicar la vida de la iglesia. Debemos prestar atención a esta palabra con respecto a nuestro propio caso.

Una persona que no es salva, vive en el pecado. Un cristiano que no ama al Señor, se halla en el mundo. Pero aun cuando amamos al Señor y nos preocupamos por la iglesia, podemos expresar opiniones que la dañen. Esto no significa que no debamos decir nada en la iglesia. Necesitamos orar para estar en el espíritu. Luego, no debemos insistir en nuestro propio punto de vista, sino que siempre debemos hablar en el temor del Señor y estar dispuesto a ser corregido.

V. LA NEGACIÓN DEL YO

[¿Cómo podemos negarnos al yo? Es decir, ¿cómo podemos resolver el problema del yo? La Biblia dice simplemente que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, pero no dice específicamente que nuestro yo fuese crucificado juntamente con el Señor. A pesar de eso, al igual que para quebrantar la carne, la manera de negarnos al yo es la cruz. Al considerar este asunto, lo dividiremos en el hecho objetivo y la experiencia subjetiva.]

A. El hecho objetivo

[El hecho objetivo de poner fin al yo, al igual que dejar que la carne sea quebrantada, descansa en Cristo, es decir, en el hecho de que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El. Esto se debe a que el yo es parte de la expresión del viejo hombre. Puesto que para Dios, el problema del viejo hombre ya ha sido resuelto; el problema del yo, al cual pertenece al viejo hombre, también ha sido resuelto. Por lo tanto, por el lado objetivo, el hecho fundamental es que nuestro viejo hombre ha sido crucificado.]

B. La experiencia subjetiva

[La experiencia subjetiva de negarnos al yo es exactamente como quebrantar la carne, a saber: se lleva a cabo por medio del Espíritu Santo. Si reconocemos que nuestro viejo hombre fue crucificado, entonces, en nuestro diario vivir, cada vez que nos demos cuenta de que estamos expresando nuestras propias ideas u opiniones, debemos permitir que el Espíritu Santo aplique la muerte de la cruz a estas ideas y opiniones, para darles muerte.]

C. Tomar la cruz

[Hoy, en el cristianismo caído, muchas verdades han sido mal entendidas. La verdad en cuanto a tomar la cruz es una de éstas. Muchos interpretan mal el hecho de tomar la cruz, y lo confunden con el sufrimiento. Ese es un concepto erróneo que hemos heredado del catolicismo romano. Debemos darnos cuenta de que el énfasis de la verdad de la cruz no es el sufrimiento, sino la muerte. Cuando una persona va a la cruz, no va allí principalmente para sufrir, sino para morir. Hoy en día cuando decimos fusilamiento, entendemos que eso significa muerte. De la misma manera, en los tiempos del Señor Jesús, cuando se mencionaba la cruz, lo que el hombre entendía con ello era muerte.]

Si sufrimos, esto significa que aún no hemos tomado la cruz. Recuerde que en el ungüento compuesto había mirra, que representa la dulzura de la muerte de Cristo. Cuando ejercitamos nuestro espíritu para poner nuestro yo en la cruz, no debemos experimentar sufrimiento; más bien, debemos disfrutar Su dulce muerte, la cual es eficaz para dar fin a nuestro yo. Además de esto, Su poder de resurrección ha de operar en nosotros a fin de capacitarnos para seguirlo.

VI. LA APLICACIÓN PRÁCTICA DE NEGARNOS AL YO

A. En la comunión del Espíritu Santo

[Es primeramente en la comunión del Espíritu Santo que llevamos a la práctica la negación del yo. Aunque entendemos la crucifixión del viejo hombre y sabemos que las opiniones son la expresión del yo, si no vivimos en la comunión del Espíritu Santo, esto no es más que una doctrina vacía que no conduce a ninguna experiencia práctica. Si no vivimos en la comunión del Espíritu Santo e intentamos poner fin al yo por nuestra propia cuenta, asumimos una actitud semejante a los arduos esfuerzos que practican los budistas, los hindúes y los moralistas chinos; siendo ninguno de estos esfuerzos experiencias espirituales. Unicamente el Espíritu Santo es el Espíritu de verdad, el Espíritu de realidad. Por tanto, si deseamos tener la experiencia de negarnos a nuestro yo, el requisito básico es que vivamos en la comunión del Espíritu Santo.]

B. Permitir que el Espíritu Santo nos aplique la crucifixión de Cristo

[Si vivimos en la comunión del Espíritu Santo y disfrutamos al Espíritu Santo, tenemos que permitir que El aplique la crucifixión de Cristo a todo nuestro vivir y acciones. Al hacer esto cooperamos con el Espíritu Santo. Cuando permitimos que el Espíritu Santo realice Su obra en nosotros, estamos cooperando con El. Así, por un lado, aplicamos la crucifixión de Cristo por medio del Espíritu Santo, y por otro, permitimos que el Espíritu Santo nos aplique la crucifixión de Cristo. Por una parte, ésta es nuestra obra, y por otra, es también la obra del Espíritu Santo, ya que es imposible separar una de la otra si estamos en la comunión del Espíritu Santo. Al cooperar de esta manera, vivimos en Romanos 8, o sea en la ley del Espíritu de vida, dando muerte, por medio del Espíritu Santo, a toda expresión del viejo hombre.

Si uno ama a Dios, tiene una voluntad dócil y está dispuesto a cooperar con el Espíritu Santo, El lo introducirá cada vez más profundamente en la experiencia de la cruz, y dará fin a su yo definitivamente.] Mediante estas experiencias, la vida de Dios crecerá en nosotros. El elemento de Dios aumentará en nosotros, y nuestro elemento humano disminuirá.

Preguntas

  1. Mencione tres definiciones de la carne que se encuentren en la Biblia.
  2. Describa brevemente cuál es la actitud de Dios hacia la carne.
  3. ¿En qué hecho nos basamos para dejar que la carne sea quebrantada?
  4. ¿Qué es lo que nos capacita para aplicar la cruz de Cristo a nuestra carne?
  5. Conforme a Mateo 16, demuestre que el yo equivale a la vida del alma.
  6. ¿Cómo revela Mateo 16 la relación entre el yo, la opinión y Satanás?
  7. ¿Cuál ha sido el elemento más dañino para la edificación de la iglesia a través de los siglos?
  8. ¿Cuál es la interpretación apropiada de tomar la cruz? ¿Ha sido ésta su interpretación?
  9. ¿Por medio de qué podemos experimentar prácticamente la anulación de nuestro yo?

Citas tomadas de las publicaciones de Lee y del LSM

  1. La experiencia de vida, págs. 205-213, 233, 237, 241-243, 245-246.